POR QUE SE NOMBRAN LOS HURACANES

Publicado por admin el 3 Septiembre 2009

Sabias que los meteorólogos empezaron a nombrar los huracanes y tormentas tropicales para permitir facilidad de comunicación entre ellos y el público en general en áreas relacionadas con las previsiones, avisos y peligros. Al darle nombre a los huracanes, hay una reducción en la confusión sobre qué tormenta es la que se está describiendo.

Los nombres permiten una mejor identificación entre los servicios meteorológicos y los usuarios que reciben la información (informes de alerta, información en general), ya que particularizan el fenómeno y de esa manera se conoce a cuál fenómeno se refieren los boletines de alerta.

¿Cómo se desarrolló la idea de nombrar los huracanes?

Por siglos, muchos huracanes en las Antillas eran nombrados por el santo del día en que afectaba el huracán. Por ejemplo, el “Huracán de Santa Ana”, que azotó Puerto Rico con excepcional violencia el 26 de Julio de 1825, y “San Felipe” (el primero) y “San Felipe” (el segundo) que afectaron Puerto Rico ambos en Septiembre 13, el primero en 1876 y el segundo en 1928. Igualmente, el “Huracán de San Zenón”, que destruyó la ciudad de Santo Domingo (República Dominicana), el día 3 de Septiembre de 1930.

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El primer meteorólogo que utilizó un nombre propio (de mujer) para referirse a un huracán fue el australiano Clement Wragge a finales del siglo 19 y principios del 20.

Un ejemplo temprano del uso de nombre de mujer para una tormenta fue el de la novela “Tormenta” de George R . Stewart, que luego Walt Disney llevó al cine. Durante la segunda guerra mundial (1939-1945), esta práctica se hizo común, especialmente por los meteorólogos de la Fuerza Aérea y de la Armada de los Estados Unidos de América, quienes tenían que seguir los movimientos por el gran espacio del Océano Pacífico.

En 1953, los Estados Unidos abandonaron, por confuso, el plan de nombrar las tormentas usando un alfabeto fonético (Able, Baker, Charlie) cuando se introdujo un nuevo alfabeto fonético internacional. En ese año (1953), la Oficina el Tiempo de Estados Unidos de América los llamó únicamente con nombres de mujeres.

La práctica de usar únicamente nombres de mujeres terminó en 1978 cuando se incluyó nombres de mujeres y de hombres en las listas de tormentas para el Pacífico Norte Oriental. En 1979 la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Servicio Meteorológico de Estados Unidos (National Weather Service) incorporaron nombres alternos de hombres y mujeres.

La experiencia ha demostrado que el uso de nombres de hombres y mujeres en la comunicación escrita y hablada es más corto, más rápido y causa menos errores que cualquier otra identificación de huracanes usada hasta la fecha.

Cada año, se prepara una lista potencial de nombres para la venidera temporada de huracanes. La lista contiene un nombre por cada letra del alfabeto (las letras Q, U, X, Y, Z no se incluyen debido a que pocos nombres empiezan con esas letras). Estas listas son recicladas cada seis años y se reemplazan los nombres cuando el nombre de un huracán ha sido retirado.

Los nombres de huracanes muy destructivos se retiran, quedando en los registros históricos, y son sustituidos por otros que inician con la misma letra.

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LOS HURACANES. FENOMENOS DE DESTRUCCION

Publicado por admin el 3 Septiembre 2009

El huracán es el más severo de los fenómenos meteorológicos conocidos como ciclones tropicales. Estos son sistemas de baja presión con actividad lluviosa y eléctrica cuyos vientos rotan antihorariamente (= en contra de las manecillas del reloj) en el hemisferio Norte. Un ciclón tropical con vientos menores o iguales a 62 km/h es llamado depresión tropical. Cuando los vientos alcanzan velocidades de 63 a 117 km/h se llama tormenta tropical y, al exceder los 118 km/h, la tormenta tropical se convierte en huracán.

huracanes

Una de las diferencias principales entre los tres tipos de ciclones tropicales es su organización. La depresión tropical agrupa nubosidad y lluvia pero las bandas espirales no están bien delimitadas. La tormenta tropical es un sistema atmosférico con una mejor estructura, con bandas espiraladas convergentes hacia el centro del sistema. El huracán por su parte es un sistema totalmente organizado en toda la troposfera con bandas espiraladas de lluvia bien delimitadas.

La palabra “huracán” deriva del vocablo Maya “hurakan“, nombre de un Dios creador, quien, según los mayas, esparció su aliento a través de las caóticas aguas del inicio, creando, por tal motivo, la tierra.

La Temporada de Huracanes en la Cuenca del Atlántico comienza el 1 de junio y termina el 30 de noviembre. La Cuenca del Atlántico comprende el Mar Caribe, el Golfo de México y el Océano Atlántico.

La escala Saffir-Simpson define y clasifica la categoría de un huracán en función de la velocidad de los vientos del mismo. La categoría 1 es la menos intensa (vientos de 119 a 153 km/h); la categoría 5 es la más intensa (vientos mayores que 250 km/h). La categoría de un huracán no está relacionada necesariamente con los daños que ocasiona. Los huracanes categorías 1 ó 2 pueden causar efectos severos dependiendo de los fenómenos atmosféricos que interactúen con ellos, el tipo de región afectada y la velocidad de desplazamiento del huracán. Los huracanes de categoría 3,4, o 5 son considerados como severos.

Escala Saffir-Simpson
Categoría Rango de velocidad de los vientos
(kilómetros por hora)
1 119-153
2 154-177
3 178-209
4 210-250
5 mayor que 250

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EL HURACAN SAN ZENON

Publicado por admin el 3 Septiembre 2009

Hoy se cumplen 78 años de la destrucción de la ciudad de Santo Domingo por el huracán San Zenón. El huracán rozó tierra dominicana, de acuerdo con los estudios que se tienen, a la altura del cabo Caucedo, donde está ahora el aeropuerto Las Américas, alrededor de las nueve de la mañana y penetró a tierra a la altura de Villa Duarte, entró a Santo Domingo, poco antes del medio día, en dirección noroeste y cruzó toda la isla hasta salir por Cabo Haitiano, en Haití.

Entró en Cuba a la altura de Santiago, cruzó toda esa isla también y salió a la altura de La Habana.

ojo_huracanNo se tiene un registro exacto de la velocidad de sus vientos al tocar tierra dominicana, pero el ingeniero Antonio Cocco Quezada, ex director de Meteorología, en investigaciones que ha publicado indicó que el anemómetro, medidor de la velocidad del viento, de la Oficina Nacional de Meteorología de la época fue destruido por el ventarrón cuando medía 160 kilómetros por hora.

Testimonios que fueron publicados en LISTÍN DIARIO de la época indicaban que la tormenta destruyó en menos de dos horas casi toda la ciudad. La zona menos afectada fue la colonial, pero los barrios al norte y al oeste de las viejas murallas fueron casi completamente barridos. Se estimaron más de tres mil muertos.

Los relatos de la época indican también que el ojo del huracán pasó sobre la ciudad. Las primeras ráfagas que azotaron la capital venían desde el este sureste. El viento, de acuerdo con los sobrevivientes, se detuvo alrededor de las 3:30 de la tarde y alrededor de media hora después se reanudó, pero en sentido contrario. Ese momento de calma lo produjo el paso del ojo o centro del huracán.

Cuando se hizo la calma mucha gente salió a ver la destrucción que había producido la tormenta y muchas personas fueron sorprendidas a la intemperie, lo que produjo la mayor cantidad de muertes.

De acuerdo con los relatos de la época de San Zenón la violencia del viento era tanta que la lluvia no caía sino que se movía horizontalmente y la mayor parte del agua que venía sobre la ciudad era salada. En algunos lugares se dijo que el agua tenía un olor azufrado y muchos árboles quedaron con las hojas como si hubieren sido quemadas.

Las lluvias se mantuvieron durante todo el día y casi toda la noche del 3 de septiembre del 1930, aunque disminuyendo en intensidad y con vientos también declinando.

La destrucción que produjo de San Zenón había quedado como un hito meteorológico por muchos años, hasta 1979 cuando el huracán David y la tormenta Federico, que pasaron de manera sucesiva sobre la isla, produjeron gran destrucción y alrededor de tres mil muertos en dos días.

La cantidad de muertos de San Zenón era tan grande que las autoridades decidieron quemarlos en grandes piras que se levantaron en lo que se llamaba la plaza de la Colombina, hoy parque Eugenio María de Hostos.

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